Tengo pila de cosas en la cabeza pero no sé como empezar a escribirlas, así que no sé qué va a salir de esto.En primer lugar, realmente me encantaría ser de esas minas que ven el mundo re lindo y re mejorable, como que en algún momento siempre todo va a estar bien y esas manos.
Re cushisishifushishushui, re divi.
Creo que hay varias que juran ser así, que se la quieren tirar de positivas y optimistas y de amigas de la vida pero que no pasa de la intención de proyectar la imagen de alguien que les gustaría ser, y lo digo porque por un momento lo intenté pero evidentemente me rendí. Pero hay otras que probablemente sientan que la vida es perfecta, y estaría buenísimo ver el mundo así. Yo lamentablemente tiendo a ver el lado malo de las cosas, el que yo considero esperable. Suelo forzarme a pensar que todo lo que no dependa de mí va a salir mal (así de egocéntrica), para no sentir desilusiones (o para sentirme autosuficiente, no se cuál de las dos).
No era así, creo que mi año en el Ivy me cambió en ese sentido, y obviamente para mal. Creo que a veces se me va y me pongo bastante optimista, no necesariamente con respecto a la posibilidad de que las cosas mejoren, porque honestamente no creo que puedan estar mejor, aunque en el mejor de los sentidos.
No es que crea que tengo la mejor vida ni que estoy en la mejor situación, pero sí considero que tuve suerte con lo que me tocó, y, en realidad, nada concretamente negativo me pasa.
Podré quejarme de la monotonía y de la rutina, pero ahí culminan mis quejas. Y, además, me considero con neuronas suficientes como para saber que hay gente que puede quejarse de cosas muchísimo peores, y que ni siquiera lo hace, así que me siento bastante egoísta cuando me quejo, para ser sincera.
De cualquier manera mis objeciones no se dirigen a nada en particular, no creo que haya nada ni nadie en la posición de cambiar lo que no me gusta de mi vida. No creo en nada. Me sentiría débil creyendo en algo que tuviera el poder de revertir mis circunstancias, como si necesitase creer que no estoy sola. Y por ahora prefiero creer que mi vida depende de mí (en la mayoría de los aspectos), y que mi felicidad es una elección, no una suerte que depende de la voluntad de algo superior.
Por lo tanto, creo que no me quejo esperando un resultado. Es más bien... un entretenimiento.
En fin, esperar lo mejor de la gente en el ambiente de ese liceo me hacía mal, porque me decepcionaba con bastante facilidad. Pasé de manejarme en un entorno cerrado (el otro colegio) donde las cosas se daban más o menos en el rango de mis expectativas. La gente que me decepcionaba lo hacía de forma previsible, por lo que no me lastimaba. Me creía bastante omnipotente a decir verdad... lo que comprobé como falso cuando entré en el otro liceo.
Entonces elegí partir de la base de que toda actitud que otra persona tuviera dirigida a mí, era con malas intenciones. A veces me llevaba gratas sorpresas, pero la mayoría de las ocasiones pasaba lo que estaba esperando, aunque, nuevamente, no me dolía. Era como si ya estuviera protegida contra lo malo que se puede recibir de la gente. Inmunizada. Como si toda mi vida se tratase de autofabricarme escudos.
Y ahora estoy condenada a eso toda mi vida, a sospechas y a desconfianzas. Medio que envidio a la gente que piensa que los demás actúan sin pretensiones, sin falsedades, sin mentiras camufladas. Envidio a los que se entregan y se ilusionan y a pesar de las desilusiones lo siguen haciendo. Los que tienen un poco más de fe. El universo debe ser mucho más lindo en esos ojos, en esas mentes.
Igual, sigo creyendo que la tengo bastante clara en ese ámbito. Como que gradualmente la desconfianza me dio la cualidad de descifrar gente, o de creer que tengo esa cualidad...es raro. Me creo con la capacidad de ver qué se esconde detrás de las actitudes, cuáles son auténticas, cuáles actuadas.
Suena a mina re perseguida re histérica, incluso psicópata, pero es real. O por lo menos me convencí de que lo es.
Algunas veces me equivoco, pero son más las que acierto cuando se trata de descubrir lo que está detrás de las acciones, de los gestos, de las palabras.
Hay gente que no tiene que estar con la preocupación de decodificar a la gente, que asume desde el punto de partida que todo lo que los demás muestran es verdadero. Debe ser más fácil vivir así, tomando a todos por auténticos, transparentes. Ojalá fuera una elección.
No sé si se tratará de inteligencia, de influencias externas o simplemente de tener o no una mente enferma. Probablemente esté loca. Pero yo creo que todos hablamos en un código secreto. Un código que puede tomarse por literal o puede buscarse el sentido figurativo, y en ese significado implícito, en esa lectura que está entre líneas, está nuestra verdadera persona, nuestra esencia.
Un código que es siempre usado inconscientemente, y creo que en el fondo todos podemos leerlo, aunque algunos elijan hacerse los boludos. Puede ser que algunos realmente no lo vean, pero no hay que confudir esa incapacidad con que dicho código sea invisible o imperceptible. Sigue siendo una incapacidad que envidio, porque es una carencia que creo hace a la gente más feliz.
Yo leo las verdaderas intenciones, los verdaderos pensamientos. A veces hasta sin darme cuenta, estoy haciendo una lectura mental de todo lo que percibo. Muchas veces lo que leo me asusta. Leo lo mismo en todos, las mismas palabras implícitas en todo quien esté a mi alrededor.
Entonces, ¿seremos todos tan parecidos, mucho más de lo que pensamos? ¿seremos personajes autoinventados? ¿seremos mentiras? ¿seremos inconscientemente falsos? ¿wannabes automáticos?
O será que otra vez pruebo ser increíblemente contradictoria, y me vuelvo a creer omnipotente...
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