Un viento fuerte un día te trajo a mis manos
Una ola de luz
Una lluvia de verano
Y un minuto de paz
Una canción de amor
Para alguien descorazonado
Un segundo de vida
Creí haberme salvado
Pero todas las reinas pierden su trono
Y el oro se vuelve ceniza
Tanto poder es imprudente
Es caminar por la cornisa
Hay un abismo debajo
De toda esta locura
Y cuando se caiga tu cielo
Cuando se caiga la luna
Quedará un suelo de mármol
Una voz taciturna
Un recuerdo perdido
En un perdón insincero
Y un impulso insensato
De intentarlo de nuevo.
8/31/2012
8/27/2012
Un año y medio después escribo una carta para vos. Es un poco ridículo, me doy cuenta. Nos conocimos poco, aunque lo suficiente como para que vos me odies y yo me acuerde de vos, un año y medio después.
No sé por qué. Capaz que porque, por más miedo que te genere esta afirmación, sos bastante parecido a mí. Bueno, todos somos un poco parecidos. Al final todos tenemos los mismos miedos y los mismos sueños.
Me hablan de vos, a veces. No porque hayas estado en mi vida en algún momento, creo que todos nos olvidamos de eso (menos vos, capaz, que seguro te acordás de la pendeja hija de puta que te cagó sin necesidad). Me hablan de vos porque saben que me interesa. Un interés desinteresado, digamos. No es el interés de una stalker. Es el interés de alguien que se mira en el espejo. Escucho con atención, que lejos de ser inconsciente es procesada por mi cabeza que hoy concluye, qué mal que te dejé ir.
Me costó mucho escribir las últimas seis palabras. Ya me lo había admitido a mí misma, pero me costó mucho plasmarlo. Documentar que me equivoqué tanto, hace tanto, que el error es irreparable porque quedó en el olvido.
En fin, me cuentan que estás mal. Que hacés todo por inercia. Yo solo quería decirte que te entiendo.
La inercia es el peor de los males. Lo más desesperante es no saber cómo salir ni cómo llegaste. Lo cierto es que sos joven, inteligente, con el mundo abierto y el sol en la cara, pero inerte. Igual que yo.
La incercia es una sombra de plomo en la espalda, y se apropia de tipos capaces, con ganas, con ideas. Como vos y como yo.
No sé por qué te desmotivaste. Yo quería creer que estaba atada a mi liceo, a mis amigas que no son tan amigas, a mi edad. Pero si vos te desmotivaste entonces no sé cuál es la causa. Solo espero que puedas volver a encontrar el motor.
Hoy por hoy soy una silueta oscura que se disfraza de alcohol, de fiestas, de ropa linda y de fotos ridículas. Soy una mina que no sale del tedio, del agobio, pero que todos los días hace un par de chistes y se convence de que el fin de semana se puede llegar a divertir.
No tengo confianza en nada de lo que pueda llegar a hacer. No tengo ganas de hacer nada de lo que pueda llegar a hacer. Quiero tirarme en mi cama y que me caiga alguien del cielo, que me diga que me necesita y que me toque una canción.
No sé por qué. Capaz que porque, por más miedo que te genere esta afirmación, sos bastante parecido a mí. Bueno, todos somos un poco parecidos. Al final todos tenemos los mismos miedos y los mismos sueños.
Me hablan de vos, a veces. No porque hayas estado en mi vida en algún momento, creo que todos nos olvidamos de eso (menos vos, capaz, que seguro te acordás de la pendeja hija de puta que te cagó sin necesidad). Me hablan de vos porque saben que me interesa. Un interés desinteresado, digamos. No es el interés de una stalker. Es el interés de alguien que se mira en el espejo. Escucho con atención, que lejos de ser inconsciente es procesada por mi cabeza que hoy concluye, qué mal que te dejé ir.
Me costó mucho escribir las últimas seis palabras. Ya me lo había admitido a mí misma, pero me costó mucho plasmarlo. Documentar que me equivoqué tanto, hace tanto, que el error es irreparable porque quedó en el olvido.
En fin, me cuentan que estás mal. Que hacés todo por inercia. Yo solo quería decirte que te entiendo.
La inercia es el peor de los males. Lo más desesperante es no saber cómo salir ni cómo llegaste. Lo cierto es que sos joven, inteligente, con el mundo abierto y el sol en la cara, pero inerte. Igual que yo.
La incercia es una sombra de plomo en la espalda, y se apropia de tipos capaces, con ganas, con ideas. Como vos y como yo.
No sé por qué te desmotivaste. Yo quería creer que estaba atada a mi liceo, a mis amigas que no son tan amigas, a mi edad. Pero si vos te desmotivaste entonces no sé cuál es la causa. Solo espero que puedas volver a encontrar el motor.
Hoy por hoy soy una silueta oscura que se disfraza de alcohol, de fiestas, de ropa linda y de fotos ridículas. Soy una mina que no sale del tedio, del agobio, pero que todos los días hace un par de chistes y se convence de que el fin de semana se puede llegar a divertir.
No tengo confianza en nada de lo que pueda llegar a hacer. No tengo ganas de hacer nada de lo que pueda llegar a hacer. Quiero tirarme en mi cama y que me caiga alguien del cielo, que me diga que me necesita y que me toque una canción.
8/17/2012
Hoy me acuesto a las 10 de la noche en vez de a las 5 de la mañana. A veces a las 11. Me duermo temprano y me acuesto temprano. Voy al liceo. Y vuelvo. Y hago los deberes. Y me voy a dormir.
Podría decirse que me convertí en una persona aburrida. Otros dirían que me convertí en una persona sana.
Lo cierto es que ya no pienso en nadie.
Y esas noches que se convertían en madrugadas sin darme cuenta (uso el singular y no el plural) se murieron, porque me hacían morirme. Yo las maté.
Saqué todo lo que hablaba de vos de mis alrededores. Te transformé en una silueta. Un recuerdo triste, absurdo, humillante.
Duele a veces. Pero el dolor se va. Igual que vos cuando te eché y nunca preguntaste por qué. Nunca protestaste.
Me alegro. Me alegro de poder perfeccionarme y seguir siendo fuerte. Creí que me mostraba fuerte y que en realidad no lo era. Pero sí soy. Hoy te borré y te borré en serio.
Uso mi tiempo bien. Hago lo que tengo que hacer.
Ya no quiero salir a emborracharme. Quiero salir a comer y al cine. Me interesa más un libro que un boliche. Mi cabeza antes que un tipo.
Quiero salir de estas paredes, aunque ya no me agobien, y tocar el mar. Y que toque mis pies. Y que toque mi alma.
Quiero llenarme la cara de sol. Porque la luz borra la sombra.
No soy feliz. No puedo serlo todavía. No es una elección. Pero estoy construyendo mi castillo, y desde la torre más alta te voy a mirar. Cómo pasás, diminuto, por todo mi feudo, cuando te vayas de tus tierras, cuando te saquen de tu nido. Y mi puerta va a estar cerrada, mi portón medieval con caballeros y caballos vigilando su entrada, majestuosa e imponente. Y vos diminuto. Intrascendente. Vas a pedirme que tire mi pelo por la ventana. Que te deje subir. Que te deje pasar. Y yo solo te voy a mirar. Diminuto e intrascendente.
Podría decirse que me convertí en una persona aburrida. Otros dirían que me convertí en una persona sana.
Lo cierto es que ya no pienso en nadie.
Y esas noches que se convertían en madrugadas sin darme cuenta (uso el singular y no el plural) se murieron, porque me hacían morirme. Yo las maté.
Saqué todo lo que hablaba de vos de mis alrededores. Te transformé en una silueta. Un recuerdo triste, absurdo, humillante.
Duele a veces. Pero el dolor se va. Igual que vos cuando te eché y nunca preguntaste por qué. Nunca protestaste.
Me alegro. Me alegro de poder perfeccionarme y seguir siendo fuerte. Creí que me mostraba fuerte y que en realidad no lo era. Pero sí soy. Hoy te borré y te borré en serio.
Uso mi tiempo bien. Hago lo que tengo que hacer.
Ya no quiero salir a emborracharme. Quiero salir a comer y al cine. Me interesa más un libro que un boliche. Mi cabeza antes que un tipo.
Quiero salir de estas paredes, aunque ya no me agobien, y tocar el mar. Y que toque mis pies. Y que toque mi alma.
Quiero llenarme la cara de sol. Porque la luz borra la sombra.
No soy feliz. No puedo serlo todavía. No es una elección. Pero estoy construyendo mi castillo, y desde la torre más alta te voy a mirar. Cómo pasás, diminuto, por todo mi feudo, cuando te vayas de tus tierras, cuando te saquen de tu nido. Y mi puerta va a estar cerrada, mi portón medieval con caballeros y caballos vigilando su entrada, majestuosa e imponente. Y vos diminuto. Intrascendente. Vas a pedirme que tire mi pelo por la ventana. Que te deje subir. Que te deje pasar. Y yo solo te voy a mirar. Diminuto e intrascendente.
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