Un año y medio después escribo una carta para vos. Es un poco ridículo, me doy cuenta. Nos conocimos poco, aunque lo suficiente como para que vos me odies y yo me acuerde de vos, un año y medio después.
No sé por qué. Capaz que porque, por más miedo que te genere esta afirmación, sos bastante parecido a mí. Bueno, todos somos un poco parecidos. Al final todos tenemos los mismos miedos y los mismos sueños.
Me hablan de vos, a veces. No porque hayas estado en mi vida en algún momento, creo que todos nos olvidamos de eso (menos vos, capaz, que seguro te acordás de la pendeja hija de puta que te cagó sin necesidad). Me hablan de vos porque saben que me interesa. Un interés desinteresado, digamos. No es el interés de una stalker. Es el interés de alguien que se mira en el espejo. Escucho con atención, que lejos de ser inconsciente es procesada por mi cabeza que hoy concluye, qué mal que te dejé ir.
Me costó mucho escribir las últimas seis palabras. Ya me lo había admitido a mí misma, pero me costó mucho plasmarlo. Documentar que me equivoqué tanto, hace tanto, que el error es irreparable porque quedó en el olvido.
En fin, me cuentan que estás mal. Que hacés todo por inercia. Yo solo quería decirte que te entiendo.
La inercia es el peor de los males. Lo más desesperante es no saber cómo salir ni cómo llegaste. Lo cierto es que sos joven, inteligente, con el mundo abierto y el sol en la cara, pero inerte. Igual que yo.
La incercia es una sombra de plomo en la espalda, y se apropia de tipos capaces, con ganas, con ideas. Como vos y como yo.
No sé por qué te desmotivaste. Yo quería creer que estaba atada a mi liceo, a mis amigas que no son tan amigas, a mi edad. Pero si vos te desmotivaste entonces no sé cuál es la causa. Solo espero que puedas volver a encontrar el motor.
Hoy por hoy soy una silueta oscura que se disfraza de alcohol, de fiestas, de ropa linda y de fotos ridículas. Soy una mina que no sale del tedio, del agobio, pero que todos los días hace un par de chistes y se convence de que el fin de semana se puede llegar a divertir.
No tengo confianza en nada de lo que pueda llegar a hacer. No tengo ganas de hacer nada de lo que pueda llegar a hacer. Quiero tirarme en mi cama y que me caiga alguien del cielo, que me diga que me necesita y que me toque una canción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario