
¿Sabés qué? Whatever. Hay que cambiar de etapa, en la más bien. No sirve cerrar una etapa con rabia porque inevitablemente después volvemos a ella. Es como cuando cerrás un libro porque te frustró leerlo, después al rato, aunque sea después de mucho rato, volvés a él para ver si ahora sí lo podés leer. Hay que terminar las cosas bien, sin contaminarlas simplemente porque hayan llegado a su final. Después de todo los finales son también comienzos. Distintos, nuevos, confusamente escondidos (sí, hay que buscarlos) y muchas veces irónicos (so not lo que esperábamos) pero nuevos comienzos en fin.
Y comienzo siempre es sinónimo de oportunidad, de posibilidad nueva para hacer las cosas bien. Nunca fui buena para hacer las cosas bien, siempre escribí pensando que podía volver hacia atrás aunque en el fondo siempre consciente de que la vida es un libro que se escribe con lapicera; se puede tachar, sí, pero no se borra.
Sin embargo esta vez siento como si algo imperceptible hubiera cambiado. Como si esa codependencia de alguien que todavía espero (y ni sé si existe) hubiera desaparecido por arte de magia. Por primera vez me veo haciendo algo que me haga bien, sola. Sin tener que tener a alguien, ni tener que quejarme porque no lo tengo. Me parece que esta vez la diferencia no está en que quiero empezar de nuevo sino en que quiero empezar distinto. Sin esperar nada pero sin rechazar opciones. Porque por primera vez, estoy decidida a ir escribiendo esta nueva etapa a medida que la vivo, y no de antemano, como quiero o espero que sea. Escribir una experiencia, y no una idea, porque el futuro no es nunca lo que se supone que sea. Simplemente hay que entender que quizá eso no tenga nada de malo.
Entonces, ¿sabes qué? Whatever. Hay que cambiar de etapa, en la más bien.