
Es algo tan irónico el hecho de que no puedo hacer que todos tus defectos me molesten lo suficiente como para odiarte. Quiero pensar que es porque no sos tan significante, que no te odio porque no me alcanzan argumentos para eso y tampoco para sentir lo contrario. Me propongo no pensar en vos, y lo logro, pero me propongo detestarte porque me gustaría que te lo merecieras, y no siento odio. Ni siquiera sé que siento. Siento que ya no te controlo. Que no puedo lograr manipular la forma en que te sentís. Que sos alguien confuso y cambiante, que te convertiste en alguien que conocía en vez de alguien que conozco. Que no puedo jugar a ese jueguito de que todo sea cuando yo tenga ganas. Que no puedo jugar con tus ganas (o que me encante que tengas ganas). De tener ganas de a ratos y negarlas por histeria. Que perdí la omnisciencia, eso de creerme capaz de leer tu mente y después creerme poderosa porque vos lo comprobabas, porque antes no sé si tenías tanto orgullo.
Siento que estoy a destiempo, que llegué tarde. Y que aún si fuera temprano, ya no tengo la dirección para llegar. Porque provocás eso, que me sienta perdida. Me decido a tratarte mal y al rato quiero hacer todo por caerte bien (de nuevo). No entiendo. Me hacés desentenderme. Antes eras fácil. Ahora cambiaste. ¿Será eso lo que me hace volver a vos entonces? Siempre me gustaron las cosas difíciles pero esto es más que eso, es desconocido. No sé cual me gustaba más, tu yo contemporáneo y autosuficiente, o tu yo de antes, predeciblemente loser. No sé si alguno me gustaba. Al de antes yo le gustaba y estaba tan bueno saberlo. Ahora soy una bitch que te habla out of the blue. Nice to meet you, new you.
No hay comentarios:
Publicar un comentario