3/29/2013
Llegó la edad en donde todo el mundo espera que, a esta altura, ya sepas vivir. No sé cómo manejar semejantes expectativas. Todos esperan que esté ocupada y feliz, pero sobre todo ocupada. Y yo solo tengo tiempo.
Todos van a la facultad, ven a sus novios, estudian, se van a dormir cansados, salen con el entusiasmo de saber que es la última salida en dos meses porque después los van a cojer los parciales. Y yo estoy estancada en el último lugar en el que quería estar, un lugar lleno de tiempo.
Todos se quejan de no tener tiempo y yo tengo para regalarle a todo el continente asiático y me trastorna pensar que estoy viviendo mal. ¿Por qué yo siempre tengo tiempo?
Sobre todo me preocupa que cuando encuentro qué hacer con estas cantidades absimales de tiempo y más tiempo, me persigue el insuperable fantasma de la insatisfacción crónica, y todo me resulta mediocre. Como si nada nunca más me pudiera divertir.
A veces quiero volver a tener quince años y luchar todo el día por una cédula ajena, tomar a escondidas de mis padres, en el cordón de una vereda cercana, con la adrenalina de que se les ocurra salir a ver qué onda a las 3 de la mañana (cosa que nunca en la historia sucedió).
Comprarme el peor vodka que haya fabricado el ser humano (cuando tomaba vodka y no whisky, porque ahora soy grande) y tomarlo sin hielo en vasos de plástico, sintiendo que nunca voy a ser tan rebelde en mi vida.
Morirme de vergüenza yendo a bailar en COMBI y pedirle al conductor que nos baje en la esquina (cuando ahora si se diera la situación, pensaría en el pobre señor que además de bancar 17 púberes emputecidas en su vehículo, cagándole todo el piso con alcohol dudoso y schweppes, tiene que parar una antes porque les da vergüenza el cartel de "escolares")
Extraño que todo sea nuevo, bizarro y loco. Que ir a la previa de unos desconocidos sea un ultraje y una barbarie pero como somos locas lo hacemos igual. Que hacer dedo sea impensable y subirse a un auto de gente conocida pero no tanto, la locura en su máxima expresión.
Que una amiga chivando sea una tragedia y se ponga en duda llamar a los padres (y ahora ni pasa por mi cabeza, no por mi amiga sino por los pobres padres, además de que todo el mundo, algunos más que otros, aprendió a tomar).
Tentarme por cualquier cosa. Poner ridiculeces en facebook. Caretearla sin vergüenza. Clavarme un McDonald's sin culpa. Ser pendeja y no sentirme pendeja.
Creo que como todos tengo memoria selectiva y a mis quince años probablemente la pasara como el orto en varias ocasiones. Pero no me acuerdo de eso, y por alguna razón mi cerebro no deja de atormentarme con la idea de que la mejor etapa ya pasó, y que ahora salvo lapsos excepcionales, todo va cuesta arriba.
Ojalá a los 30 años me acuerde de mis 18 y piense que esa fue la mejor etapa de mi vida, y la memoria selectiva me acompañe siempre. Pero por ahora me es imposible no pensar que siempre voy a preferir el pasado e incluso el futuro, aunque cuando se transforma en presente no lo quiera más.
Con razón hay tantas frases exhortando la apreciación del presente. Hasta ahora no tuve que hacer nada más difícil.
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