Yo creo que al final, todo lo que vivimos se divide en etapas. Y ahora creo que cambió la mía.
Es bueno darse cuenta cuando uno, de cierta manera, evolucionó. Cuando uno se convirtió en una versión distinta y tal vez mejor de uno mismo, porque lo que vivió le sirvió de aprendizaje. Este año para mi fue la etapa de transición mas grande que tuve.
Pero este año, que lejos de terminar, para mí recién empieza, me dejó como aprendizaje algo mucho más profundo e inexpresable que muchos años, y que cualquier otra transición, y quizá sea por el hecho de que lo dediqué más que nada a la introspección, porque en verdad me hacía falta.
Me di cuenta de muchas cosas, cosas mías que tenía sepultadas, casi ahogadas, y que de alguna manera pedían a gritos por contarse, aunque sea a la nada, aunque sea en un blog que conocen tres personas. Descubrí palabras que necesitaban ser escritas, que necesitaban alguien que las dijera, que las reconociera como una realidad. Descubrí que nadie puede ser como quiere o como espera sin trabajar en eso, porque todos somos nuestra propia obra.
Yo no soy perfeccionista, ni detallista, ni meticulosa. Me parece que la esencia de las cosas, lo que importa, no está en los detalles, y la gente que les presta demasiada atención me pega bastante en el quinto forro de las pelotas. Pero aún así, cuando mire hacia mi pasado no quiero ver un espejo. Quiero ver un camino que sea, una vez más, mi propia obra. Una obra que, cuando llegue a su final, falte mucho o poco para eso, sea de esas que te emocionan, que dicen mucho, que se roban las palabras de muchos que dejan las suyas inconclusas.
No sé por qué necesito ese análisis, no sé por qué siempre necesito evaluar mis etapas, marcarlas, ponerles nombre. Pero me pasa y me da satisfacción ver el crecimiento, los cambios, la evolución.
Es esta vez cuando más la noto. Antes abría el blog como descarga: necesitaba escribir todos los días, decir mucho, putear mucho, volcarlo todo. Y me salían las cosas más lindas desde el enojo, la impotencia, la tristeza, la frustración, la felicidad, la envidia, la ironía.
Hoy ya es distinto, cuando escribo soy distinta. Ya no es desde esa necesidad de catarsis, es otro tipo de expresión.
Fue este año que me di cuenta de las cosas que verdaderamente importan, y quizá por eso sea que ahora tengo ganas de contarlo, porque también me di cuenta que no sirve si solo me las guardo para mí, y aunque sabemos que este no es un gran medio de difusión, algo es algo.
Sobre todo, aprendí que gran parte se trata de rescatar algo bueno de todo lo que te parece una garcha. Cuarto de liceo ES una garcha, estás en el medio, un espacio indefinido entre lo que fuiste (y te encantó) y lo que te morís por ser. Pero bueno, es una etapa de transición, como ya djie,que lleva un aprendizaje, y quizá ahí esté su parte apreciable, más allá de Bariloche y las cosas obviamente positivas.
El resto son cosas que me tomarían muchísimo tiempo escribir, ni siquiera las tengo demasiado claras. Es algo de lo que vengo escribiendo hace bastante, porque me parece que vale la pena, pero nunca termino de expresarlo bien. Básicamente, que tenemos los mejores beneficios cuando somos más humanos. A todos nos cuesta cargar con nuestros propios sentimientos, a nadie le resulta fácil, pero cuando también empezamos a sentir lo que sienten los demás, y en consecuencia a cagar con ellos, siempre nos hacemos mucho más completos. Lo más fácil es siempre vivir de arriba y por arriba, deshaciéndonos de la parte más complicada que es la de los sentimientos, sobre todo los que son más profundos. Yo siempre había elegido vivir así, cagándome en todo lo que iba más allá de lo superficial y frío, ignorando mi inevitable lado sensible y prefiriendo los niveles más bajos de expresividad.
Por suerte, aprendí que querer no es cursi, que llorar no es exagerar, y que cuando vivimos con un rango más amplio de emociones es cuando vivimos más intensamente, y para mí es la mejor manera de aprovechar las mejores etapas. Por sobre todas las cosas, aprendí que es una elección. Nadie está condenado a ser eternamente frívolo, ni frío, ni ególatra, como era yo antes. Es cuestión de arriesgarse a cambiar, a probar otra cosa, a ver qué pasa si sentimos un poco más, a intentar diferenciarnos de piedras porque se nos acaba el tiempo por más de que parezca interminable.
También aprendí que nadie es lo que parece, todos esconden algo que les da verguenza y por lo general es lo que mejor los define. Hay gente que empecé a querer por esa parte oculta, que por alguna razón ahora mostraron y entiendo mucho mejor su forma de ser.
Aprendí que podés vivir sin esa gente que estuvo a tu lado toda tu vida pero nunca tuviste bien claras las razones; que no hay por qué sostener todas las costumbres. Hay gente que necesitás o te acompaña en algunas etapas, y en otras es mejor que ni esté. Y eso hay que aceptarlo, despegarse de otros es una parte inevitable de la vida, y es mucho más valioso cuando es voluntario, porque nos damos cuenta que alguien ya no aporta nada más.
Todos necesitamos un tiempo de pausa, un paréntesis, un espacio para frenar y preguntarnos si vivimos como queremos o vivimos como podemos.
Hasta Setiembre tuve mi paréntesis.
Ahora quiero vivirrrrrrrrrrrr, romper las pelotas porque es la edad de romper las pelotas, que lo que digan los demás me de exactamente igual, no dormir nada porque puedo aguantar, dormirme todo porque nadie me dice que no, cagarme en el liceo porque prefiero chatear hasta las 5 de la mañana, aprovechar el liceo solo cuando yo tenga ganas. Poner música bien alta porque nadie cree que tengo un problema, esperar a que se vayan todos de la casa porque igual me da verguenza, y bailar con la persiana abierta cosa que me vean desde afuera y piensen, qué mierda le pasa? y que alcance con responder que tengo 15 años. Porque 15 se diferencia de 16, en la última situación ya estás un poco pelotuda para ciertas cosas. Así que hay que aprovechar lo mejor, lo mejor de la vida es ahora. Y para lo mejor conviene estar de buen humor.
GgRaCiAsSsZ BlOg X eNsEnIaRmeEeh TaNtAs CoSsItAsHsH bEsHaZz ***