
Qué salado cuando el año entero fue un gigantesco stand by. Miro las entradas viejas y veo que seis meses fueron eternos, que pasaron volando pero pasaron hace siglos. Que mis fotos de marzo parecen las del año pasado, y las del año pasado de cuando tenía 12.
Pero a pesar de que el tiempo se escurre quedó todo congelado, mis escrituras, mi cabeza, mis amigas, todo. Todo es lo mismo.
Sigo escribiendo de las mismas cosas, frustrándome, ironizando y puteando acerca de las mismas pelotudeces repetidas como un disco rayado. Poniéndome triste, quejándome y recordando las mismas garchas que, bien de masoquista me gusta retrotraer porque siento que me definen (cuando en realidad son solo memorias).
Me sigo emocionando con las mismas palabras, las mismas personas, las mismas conversaciones hasta tarde que siguen sin llevar a ningún lado pero sigo sin poder (o querer) frenar.
La misma boluda, la misma persona con un año de diferencia y seis o siete meses fugaces de transición al pedo.
Algunas cosas sí fueron y vinieron, pero lo que quedó absolutamente intacto es cuánto me gusta hablar con vos, cuánto me gusta saber que me tenés en cuenta (aunque todavía ni en pedo sé si es así). Es lo mismo siempre, me encanta leerte y saber qué pensás.
No me importa cómo se llama el vínculo, si hay vínculo. Que nunca te acuerdes de mi edad y que me hables media hora por día por lo menos de animales. Sos el día soleado después de meses de lluvia. Entrar a un lugar con aire acondicionado en pleno verano. Un helado. De frutilla. Un iPod en un viaje de 8 horas. Verano. Un refugio. Un respiro, ya te dije: pasto mojado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario