8/17/2012

Hoy me acuesto a las 10 de la noche en vez de a las 5 de la mañana. A veces a las 11. Me duermo temprano y me acuesto temprano. Voy al liceo. Y vuelvo. Y hago los deberes. Y me voy a dormir.
Podría decirse que me convertí en una persona aburrida. Otros dirían que me convertí en una persona sana.
Lo cierto es que ya no pienso en nadie.
Y esas noches que se convertían en madrugadas sin darme cuenta (uso el singular y no el plural) se murieron, porque me hacían morirme. Yo las maté.
Saqué todo lo que hablaba de vos de mis alrededores. Te transformé en una silueta. Un recuerdo triste, absurdo, humillante.
Duele a veces. Pero el dolor se va. Igual que vos cuando te eché y nunca preguntaste por qué. Nunca protestaste.
Me alegro. Me alegro de poder perfeccionarme y seguir siendo fuerte. Creí que me mostraba fuerte y que en realidad no lo era. Pero sí soy. Hoy te borré y te borré en serio.
Uso mi tiempo bien. Hago lo que tengo que hacer.
Ya no quiero salir a emborracharme. Quiero salir a comer y al cine. Me interesa más un libro que un boliche. Mi cabeza antes que un tipo.
Quiero salir de estas paredes, aunque ya no me agobien, y tocar el mar. Y que toque mis pies. Y que toque mi alma.
Quiero llenarme la cara de sol. Porque la luz borra la sombra.
No soy feliz. No puedo serlo todavía. No es una elección. Pero estoy construyendo mi castillo, y desde la torre más alta te voy a mirar. Cómo pasás, diminuto, por todo mi feudo, cuando te vayas de tus tierras, cuando te saquen de tu nido. Y mi puerta va a estar cerrada, mi portón medieval con caballeros y caballos vigilando su entrada, majestuosa e imponente. Y vos diminuto. Intrascendente. Vas a pedirme que tire mi pelo por la ventana. Que te deje subir. Que te deje pasar. Y yo solo te voy a mirar. Diminuto e intrascendente.

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