Y no. No. No a todo lo que escribí en las últimas entradas. No, sinceramente no. Me contradigo pero esta vez con seguridad, estoy segura de que me equivoqué.
Todo parte de una misma raíz, todo tiene el mismo origen. El primer, segundo y tercer "vos". La necesidad de sentir que implica ser humanos.
No sé si nosotros mismos nos auto-imponemos sentimientos, capaz que estaría siendo demasiado genérica. Pero por lo menos yo necesito sentir.
Un sentir que trascienda lo físico, un sentir que no se alcance a explicar con palabras y frases hechas. El sentir que surge a partir de otro, ese que otros crean y destruyen, que otros producen, otros reemplazan y otros hacen renacer.
No podemos sentir de la nada, no podemos sentir a partir de nosotros mismos. Alguien más nos tiene que hacer sentir.
Pero, ¿qué pasa cuando nada nos hace sentir? Cuando, por más de que nos encontremos con mil personas diferentes, nos damos cuenta de que ninguna logra lo que debería lograr?
El no encontrar lo que tanto ansiamos debe tener diferentes repercusiones en cada uno, no tengo cómo comprobarlo. En mí, causó el querer encontrarlo en cualquier lugar. En un contacto en el msn, en un beso que no dí, en un beso que sí dí, en alguien que me "quiso" y a quien yo creí querer, erróneamente.
En cualquier persona, en cualquier sonrisa, en cualquier par de ojos creía encontrar eso que me faltaba. Como si cualquier silueta que entrara incluso parcialmente en mi vida pudiera ser la pieza que le faltaba a mi rompecabezas. Pero intentar que las piezas encajen forzosamente no garantiza que encajen. Siempre hay una parte que queda floja, una parte que no calza bien, y no entiendo por qué es tan difícil de asumir.
Supongo que porque implica esperar, y a nadie le gusta esperar. Yo odio esperar, y supongo que por eso busqué que cualquiera generara en mí sentimientos, con el error de ignorar que estos no eran provocados espontáneamente.
Pero los sentimientos no se auto-imponen, no son regulables. No sé bien cuál es la movida de los sentimientos, resulta incomprensible para mí y supongo que para todos. Pero lo que sé bien es que no puedo proponerme sentir algo que no siento. Ver en alguien algo que no veo solo por el querer ver algo.
La vida no tiene gracia si le damos a todo un significado que no es real, si pretendemos que algo nos importe de una manera que no coincide con la importancia que se siente. Es vivir en un auto-engaño permanente. ¿Cuál es la gracia de mentirse a uno mismo?
Es verdad, nadie quiere no sentir nada. Nadie quiere ser la nada, ver nada, escuchar nada. Nadie quiere vivir hundido en la intrascendencia, todos queremos tener algo que nos mueva el piso.
Finalmente entendí que no hay que forzarlo ni pretender sentir ahora, ya. No creo que llegue solo, y tampoco creo en esa boludez de que aparece cuando dejás de buscarlo. Nada más que va a ser mejor cuando me tome por sorpresa, y no cuando yo me lo invente.
La conclusión era: voy a dejar de pirar. Tengo quince años, ni amo ni quiero inconmensurablemente. No tengo puntos de comparación para asignarle grados a mis sentimientos. Ni tampoco me interesa hacerlo. Cuando ame, cuando quiera, lo voy a sentir y tengo que dejar de querer explicaciones. No se explica, basta. Prometo parar con el sobreanálisis y con los self-imposed feelings.

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