Cuántas veces tenes todo lo que querés y no lo sabés ver. Esperamos algo por tanto tiempo y cuando finalmente nos toca, no es lo que nos sirve. Finalmente nada nos llena, siempre queda algún vacío que si bien puede ser pequeño, pesa más que todo lo demás. Y sin querer termino haciendo lo que considero mas estúpido y sin darme cuenta mis acciones son el revés de lo que digo. Siempre hablando de prioridades y de saber mirar cuando nunca supe hacer ninguna de las dos cosas. Siempre me importó mas lo que me molesta que lo que me hace bien, y lo que quiero mucho más que lo que necesito.
Pero tengo en frente todo lo que siempre quise, y sin embargo ahora no lo quiero. Lo quise toda mi vida y cuando lo tengo lo rechazo; lo busqué toda mi vida y cuando lo encuentro quiero perderlo. ¿Por qué será que nunca voy a saber valorar lo que me llega? Y trato de buscar excusas válidas como que “no es el momento justo”, y que “si no se da es porque no se tiene que dar”. Mentiras. Si no se da es porque yo no quiero. Y traté de quererlo pero no puedo, te juro. Y no sigo hablando de vos porque hablar de algo sin que te des cuenta es todavía mas difícil que dejar de ser una nena caprichosa.
Wooooooooooooooowwwwwwwwwwwww, qué loco encontrar esto. Qué cheesy que era cuando escribía.
Y qué salado es pensar cómo cambian las cosas, cómo esas personas a las que les dedicaba párrafos y párrafos y millones de mega bytes en mi computadora, ahora tienen la importancia equivalente a la de una hormiga en mi vida. No, me fui al carajo. Creo que me importan más las hormigas.
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