8/04/2010

Cuando uno se enamora, las cuadrillas del tiempo hacen escala en el olvido. La desdicha se llena de milagros, el miedo se convierte en osadía, y la muerte no sale de su cueva. Enamorarse es un presagio gratis, una ventana abierta al árbol nuevo, una proeza de los sentimientos, una bonanza casi insoportable, y un ejercicio contra el infortunio. Por el contrario, desenamorarse es ver el cuerpo como es y no, como la otra mirada lo inventaba. Es regresar más pobre al viejo enigma, y dar con la tristeza en el espejo.

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