8/04/2010

Cosas que aprendí de la vida:

El amor es un invento, pero es el más lindo de todos.
Todos somos iguales: hablamos como si supiésemos todo de todo. Pero si alguien se anima y pregunta, no sabemos nada.
La originalidad es un don. Y es, de cierta manera, poner en manifiesto la mediocridad de todos.
Todos tenemos miedo a mostrar quiénes somos. Pero son solo los rebeldes, los diferentes, los que hicieron algo significativo en la vida y en la historia.
El tiempo no cura todo.
La suerte es para algunos.
El karma no.
Esperar es un embole (me queda pendiente comprobar si vale la pena).
Nadie tiene claro nada. Nadie nació definido, nadie sabe bien qué le gusta y qué no. Nadie se autoentiende bien.
En una cara de culo inexplicable, está la envidia desesperada o un pedido a gritos de expresarse.
La gente en serio puede tener menos de tres neuronas. No kidding.
Todos somos menos boludos de lo que el resto del mundo piensa.
Es muy probable que nadie pueda creer un 90% de las cosas que pasan por mi mente.
No hay tal cosa como "los hombres son todos iguales", o cosas así. Lo más lógico sería simplemente pensar que a veces, las piezas no encajan.
No hay problemas grandes y chicos. Solo están los propios, y los ajenos.
A la mayoría de la gente le importa un huevo si sos la persona más feliz del mundo, o si tenés ganas de cortarte las venas.
Hay gente que no ignoramos por costumbre.
Hay gente que nadie banca pero todos adulan. Esa gente termina sola.
Lo que nos merecemos, llega al final del camino. Y nos damos cuenta de qué es, solo ahí: tarde.
La mayoría de las "verdades universales" que la gente tiene como fundamentales para su vida, son inventos que nos hacemos para sentirnos un poco mejor.
Nadie es completamente sincero.
A nadie le gusta que le griten, que lo traten mal o que lo ignoren. Es inevitable que a veces pase, y también hay que saber entender eso.
Eso de "odiar es dar demasiada importancia" es otra frase barata. No admitir que odiamos, es no hacerse cargo de que somos humanos.
La vida no se trata de esperar reciprocidad en todo lo que hacemos. Es elegir quién vale el sacrificio.
Hablar mal de alguien siempre queda mal. A nadie le gustan los forros, aunque sean forros con otros.
A nadie le copa la idea de dar grafos.
Nadie nunca tiene un sacapuntas cuando lo necesitás.
Aunque te compres uno con la mini basurita, siempre terminás cagando toda la cartuchera con viruta igual.
La gente que cuida demasiado las formas, las palabras y los modales, tiene miedo de vivir. Y me dan gracia.
La gente demasiado estructurada me da pena.
Lo mejor de la vida es todo lo espontáneo. Y saber que hacés a alguien feliz, sin que siquiera tengas que hacer un esfuerzo.
Las siestas son el segundo invento más lindo.
Si tirás mierda, recibís mierda.
Siempre necesitamos ayuda, aunque digamos que no.
Es mucho más difícil dejarse ayudar que ayudar.
Orgullosos somos todos. Lo valioso es admitirlo, y hacer que predomine la humildad.
Ignorar a alguien es el castigo más cruel.
Todos nos callamos un gran porcentaje de cosas que queremos decir.
Me da pena la gente que le da asco todo. Sobre todo las malas palabras.

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