12/21/2010

A veces me toca vivir horas vacías, de esas que convierten los días en clones perfectos del anterior y que dejan la sensación de que el tiempo corre pero no avanza; de que uno permanece inmóvil, paralelo a las agujas del reloj.
A veces me cuestiono por qué tengo esos espacios en blanco, por qué nadie los transforma en recuerdos irremplazables en vez de quedarse como pedazos olvidables, baches que no significan ni representan nada.
A veces me pregunto si soy yo el problema, con mi inconformismo crónico, que va acompañado de mi tendencia a querer transmitir una felicidad inexistente, que basta analizar una milésima de segundo para descubrir que se sustenta en la nada; que es un producto de la imaginación, que se cansó de no encontrar motivos. Me agota ese invento, porque logra evadir las preguntas de los demás (es obvio que prefieren evitar las respuestas, porque todo el mundo espera encontrar un "bien" después de un "cómo estás?") pero no aleja el verdadero sentimiento, que más bien es un vacío.
A veces me planteo que pueden ser los demás, que no quieren enroscarse con algo demasiado complicado y prefieren buscar lo que es convencionalmente atractivo...pero ya no me convence el "no sos vos, soy yo", aplicado a mí como un "no soy yo, son ellos". Es mentira y estoy tratando de salir de la etapa de automentirme.
Siempre llego a lo mismo: ocupar la mente con otras cosas. No pensar tanto y vivir un poco más.
A veces leo, a veces toco la guitarra, a veces pongo música y canto o bailo muy exageradamente. O me acuesto de noche y me pregunto por qué carajo no puedo conocer a alguien lo suficientemente interesante como para querer conocerlo mejor.

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