4/16/2012

Cuando empezó el 2012 me di cuenta de que no iba a ser un año positivo, igual que presentí que el 2011 iba a ser increíble. Siempre tengo razón.
Últimamente me cuesta mucho tener fe en mí. Cuando me miro al espejos solo veo defectos, critico desde mi pelo hasta mis pies. Cuando analizo lo que soy tampoco estoy satisfecha, veo progreso que no fue suficiente. 
Hubo un tiempo en que me creía especial. Creía que el mundo que no me conocía no sabía de lo que se perdía. Que podía conseguir todo si me lo proponía.
No sé en qué quedo. Ya no me hago bien. Quiero volver a ese momento en que fui feliz. Quiero volver a empezar y volver a ese lugar que fue mío.
Me encontré a mí misma acuchillando a mi orgullo, contándole que hay personas que me ven como todo lo que odio, una mina para hablar un jueves mamado y olvidarla después. Que soy mucho menos que las expectativas de mucha gente. 
Tuve que obligarme a entender que hay para quienes soy intrascendente, imponer esa idea en mi cabeza llena de humo. Entender que hay mejores. Entender que hay personas, y en el medio estoy yo.
Tengo ahora que poder vivir con eso. Y vivir tranquila. No puedo seguir tratando de hacerle entender a los demás que soy una en un millón, cuando es mentira. Soy una pelotuda más en seis mil millones de habitantes. Algunos me van a ver como una minita más. No hay nada que pueda hacer al respecto.
Eso no significa que tenga que desesperarme. Me niego a seguir buscando en todos alguien que quiera estar. Algún día llegará alguien que quiera escuchar canciones de los beatles un sábado de noche, que me dedique Something y le guste star wars. 
De mientras me prohibo amoldarme a lo que hay, porque nadie me necesita, y por eso es que no son lo que yo necesito. No quiero un pasatiempo.

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