Salgo de la obsesión para pasarte la noticia: ya no me perturba tu cara. Antes me generaba una tonelada de ganas de llorar lágrimas de cemento, porque tu felicidad me resultaba demasiado pesada. Pero no las podía soltar, simplemente por auto disciplina. Pero ya me despojé de toda tu basura, toda esa basura que te inventé yo. Estaba acumulada en mi sector de desechos indeseables pero estaba adentro mío. Algunas partes quedaban en mi almohada cuando me dormía torturándome, otras no tenían como salir y se guardaban por reflejo. Hoy reciclé todo, no tenía más espacio. O capaz que contraté a una fumigadora, pero no te quiero tratar de parásito (o sí quiero, pero es un poco fuerte). Y ya que estamos reconociendo la mierda humana, te cuento también: sí espero que te vaya mal. Ya todos sabemos que no tengo la madurez suficiente como para desearle el bien a alguien que nunca cumplió con mis expectativas. Ojalá no logres nada de lo que te propongas, pero ya quedó comprobado que lo que yo quiero, con respecto a vos, siempre fue intrascendente para esa ley de la vida que regula lo que se le otorga a cada mortal (así que no te preocupes demasiado).
Cuál es la diferencia? Que después de miles de razonamientos inútiles me di cuenta que estaba cayendo en lo más temible: la ridiculez. Todavía pensarte después de dos años es ridículo. Estresarme es ridículo, porque vos sos ridículo en muchos sentidos, pero si lo aplicamos al caso, tu pasaje por mi vida es ridículo, y tu persona como ser social también es ridícula. No tiene sentido seguir hospedando ganas de matarte: las asumo pero las rechazo. Corto mis pensamientos de raíz, y ni siquiera los guardo para un día de lluvia. Los obligo a retirarse. Y pude sola: nadie está de mi lado, porque lamentablemente sos una buena persona.
En mi imaginación eras una lacra inhumana, con la distorsión de quien busca llenarse de excusas. Hoy las obligo a retirarse también, porque nunca le sirvieron a nadie. Acepto que sos un bien desprovechado, como muchos otros, pero quedaste atrás. Dos años para ser exactos. Y basta.
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