10/8/2010
Me molesta escuchar tu voz. Me irrita que estés lejos, que el día haya estado tan mal. Que las gotas de lluvia ya no me ericen, que las canciones ya no me hagan llorar. El sentimiento muerto. El tuyo, porque el mío sigue vivo, pero me mata a mí. Me convierte en una imagen desenfocada. Ya no sé lo que me gusta y lo que no, solo lo que necesito, que no está. Está en el país de Nunca Jamás con el Capitán Garfio y una mina muy flaca que está demasiado contenta. ¿Y yo? Nada. Eso. Olvidada, mi miedo más eterno. Lo peor que me podrías haber hecho, olvidarte tanto. Ya no puedo mirar, no me sirve mirar si me obstruís la vista de tu manera tan alebosa y despiadada. No tengo más excusas, no me asusta la seriedad, me aterroriza que tu indiferencia sea irreversible. Haber perdido tus "te quiero" para siempre hace mucho tiempo.
Me molesta estar en la calle, ver una campera de cuero y verte a vos caminando, perfecto como nunca y como siempre. Me molesta que no te borres, que estés grabado en algún lugar tan profundo que se volvió desconocido e inmune al paso del tiempo, porque tiempo pasó demasiado y nunca es suficiente.
¿Por qué no es suficiente? ¿Qué magia puede haber hecho un ser humano cualquiera en un mes?
Algo muy distinto, muy tuyo te trae a los acordes de mi guitarra y me hace llorar. Y lloro tanto que me quedo dormida, lloro tanto que me olvido por qué lloro.
Hoy me acordé que es porque no desaparecés, y yo sí desaparecí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario