1/17/2011

Me encanta escribir de vos

No estoy acostumbrada a que querer no me traiga problemas, a que querer haga bien, a querer de maneras sanas. Pero vos sos el opuesto a todo (me dan ganas de escuchar "de cabeza" de casi ángeles, mirá lo que provocás...), todos mis conceptos quedaron invertidos desde que apareciste vos, porque sos exactamente la antítesis de lo que siempre creí que me gustaría, pero increíblemente no me importa en lo absoluto. No me importa. Te quiero así, estando mal de la cabeza y todo. Y te quiero bien, te quiero porque quiero y porque me gusta. Porque sos de lo bueno, lo mejor.
Vos trajiste la parte más linda del "amor" (no sé que es esto), esa de las mariposas y el buen humor, en vez de la frustración y la desesperación. Vos, sin estar cerca de siquiera sospecharlo, lograste desplazar todos mis prejuicios y todas mis locuras. Sos mi favorito en todas las categorías; te elegiría una y mil veces. Sos mi secreto más profundo pero a su vez el más feliz (sos lo mejor que tengo para contar).
Una vez te describí como un iPod en los viajes de ocho horas, y creo que nunca me salió tan bien una descripción. Porque sos un refugio cuando se viene la noche, y gracias a vos descubrí la solución a los domingos (cuando me pongo emo, pienso en vos).
Es gracioso, porque sacás, también, la parte vergonzosa. Esa necesidad imperiosa de dedicarte millones de canciones de cumbia y cantártelas en niveles de ebriedad no recomendados, o de taladarle el cerebro a mis amigas contándoles cada palabra que decís. Me dan ganas de encontrarte y de gritarte que te quiero, que descubrí que me curaste y que me obligás a ponerme cursi. Que, citando a uno de los mejores filósofos de todos los tiempos (léase Calamaro), "no me gusta esperar, pero igual te espero". For ever (porque esperarte es lo mejor que me pasó en mucho tiempo).


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